• Memorias de un Vecino

QUE LA SUERTE TE ACOMPAÑE


Mi curiosidad por la adivinación me viene de la tía de mi padre, que, por alguna razón, tenía la habilidad de poder predecir el futuro a través de la quiromancia. No fueron pocas las veces que nos acertó de pleno a algún miembro de mi familia, dejándonos con la boca abierta y con las ganas de más. No obstante, nunca me había atrevido a ir algún vidente o tarotista, creo que por miedo a lo que me pudiera decir. Ya se sabe, lo bueno nos gusta escucharlo, pero lo malo, no tanto.


En una etapa de mi vida un poco incierta, una de mis amigas de la universidad me comentó que en su barrio había una tarotista bastante famosa porque atinaba en sus predicciones y lo hacía a un módico precio. Yo no sabía que hacer. ¿Estaba dispuesta a escuchar problemas y obstáculos? Finalmente me decidí a ir ya que, al fin y al cabo, yo lo que quería era vislumbrar lo que me deparaba, fuera bueno o malo, y así prepararme para ello.


Era una tiendecita pequeña, a la cual nada más entrar, te impactaba un fuerte olor a una fragancia oriental, posiblemente a incienso. Junto en el mostrador, te encontrabas con dos estanterías: Una de ellas donde había libros esotéricos y cartas del tarot y otra, con todo tipo de alhajas, como por ejemplo para atraer la suerte o el amor. Más al fondo, se veían dos puertas, en una de ellas se escuchaba una mujer hablando por teléfono. Como nadie salió a atenderme, decidí quedarme allí observado y sin quererlo me adentré en la conversación que se escuchaba de fondo que iba sobre herencias y familias enfadadas. A los diez minutos me recibió una mujer de unos cuarenta y cinco años, bajita, con el pelo muy largo y rubio.

Recuerdo que pensé “Está mujer no parece una tarotista, es normal”. No sé a quién esperaba encontrarme ¿A alguien con sobrero y barita?


Era muy cariñosa, se dirigía constantemente a mi como “mi niña” y antes de entrar a una de las dos habitaciones me abrazó y me dijo “Para que creas lo que te voy a decir sobre tu futuro, primero voy a hablarte de tu pasado”. Creo que en ese preciso instante me hubiera ido corriendo de lo mucho que me asusté, no os voy a engañar. La habitación donde pasamos tenía una luz tenue y se percibía el mismo olor que en la recepción. Nos sentamos y empezó a barajar las cartas con una rapidez y soltura envidiable (Creo que, si yo hubiera intentado hacer eso, habría tenido que recoger una a una las cartas del suelo. A patosa, no me gana nadie).


Efectivamente, la tarotista empezó a contarme cosas de mi pasado desde mi niñez hasta aquel preciso momento. A decir verdad, me dio detalles muy concretos, que únicamente alguien que me conoce e incluso ni eso, podría saber. Y todos pensaréis, seguro que te buscó por alguna red social o tu amiga. Pues no, porque mi amiga nunca había ido y mis redes son privadas y no tienen mi nombre original. No sé si es que lo que me dijo, ha hecho que yo haga que suceda o porque hay personas que, por un extraño motivo, tiene ese don. Lo que, sí os diré que después de dos años, puedo decir que esa mujer acertó en todo lo que me dijo.

Carolina Mora García
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