• Memorias de un Vecino

EL DÍA QUE VOLÉ

Actualizado: jul 22


El despertador del móvil estaba programado para sonar a eso de las 3:30 horas de la madrugada, pero como de costumbre mi cuerpo decidió levantarse 10 minutos antes para fardarle al despertador de reloj interno. Me pegué una ducha fría para espabilar y un cutre café soluble, cutre por suavizarlo.


Luego, como cada día antes de salir, abro la puerta de la terraza y analizo que tiempo hace. Según mis dotes detectivescas y la aplicación del tiempo de Google llegué a la conclusión de que en cualquier momento iba a empezar a chispear. Así que me puse una chaqueta, el casco y tiré raudo hacia el ascensor con la bici.


Hacia bastante fresquito y el asfalto se veía humedecido, así que supuse que hacía poco que había parado de llover, yo contento, el tiempo estaba a mi favor. Mi única preocupación era que no me pillase la lluvia en el trayecto hacia la fábrica (pobre insensato). Llevaba la mitad del trayecto, sigue haciendo fresquito y de momento el cielo sigue oyendo mis plegarias, no llueve y bajé el ritmo.


A escasos metros de alcanzar mi destino llegué a una pasarela de metal, la cual estaba bien lubricada por la lluvia o el rocío mañanero o yo que sé, lo único que sé es que la rueda de la bici empezó a bailar reggaetón. Entonces yo volé y ella voló y me fui a la p….


El informe de daños es el siguiente: Rodilla sangrando cual geiser, un par de moratones y arañazos en las manos, algo de cojera al levantarme y, aun así, la bici salió ilesa. En ese momento, estaba más preocupado por la bici que por mí propio estado físico.


Hoy en día, siempre que paso por esa zona con la bici llueva o no, voy a cámara lenta y con las manos en los frenos para no volver a hacer el Superman.

Alberto Rodríguez Rodríguez
  • Facebook Memorias de un Vecino

© 2020 para Memorias de un Vecino. Creado con Wix.com