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EL CONDUCTOR SOMETIDO A BAJA PRESIÓN


El conductor, un señor de 50 pocos años, decidido a llevar día tras día las riendas de su Ford de color negro y amarillo. Pilotaba por las calles más concurridas de la ciudad de Barcelona, Cataluña, cada jornada realizaba más de 15 servicios. La manera de dirigir su coche me resultaba apersonal, sin vida, sin coraje, sin pasión, una persona sin ninguna motivación o vocación por realizar su servicio a tiempo. Me llama mucho la atención lo estricto que es el conductor al seguir las normas de tráfico a la perfección, de igual importancia NO mantiene el Ford aseado. Además, cabe destacar las mínimas palabras que te transmite en el recorrido.


Un viernes de Julio, caluroso, me dirigía hacía el Palacio de la Música, un lugar icono de la magia que fluye por Barcelona. El conductor me recogió en la puerta de mi casa a treinta minutos de mi destino, el aire acondicionado no funcionaba, las ventanillas no eran capaces de bajar más de un cuarto de su capacidad, la radio distorsionada y los pitidos del tránsito eran mis teloneros del gran concierto que me esperaba. En definitiva, había estampado la forma de mi cuerpo a modo de sudor y mi camisa había adquirido esos "nuevos" olores que desprendía el coche; habíamos llegado al destino, el conductor estacionó correctamente en carga y descarga, justo cinco segundos más tarde un autobús colisionó antes de que pudiera efectuar el pago.


Era un leve golpe, acto seguido le grité al conductor que tocará el claxon para detener el autobús; el chofer del autobús podría ni haberse enterado, estacionó 100 metros adelante en una parada de bus. El conductor me extendió su brazo con el datáfono en mano, insistiendo con un gesto de muñeca que efectuará el pago, conmovido por su actuación aboné la tarifa del transporte y bajé del automóvil, observé los daños ocasionados al vehículo, seguidamente el conductor bajo del coche a mirar lo ocurrido. Parachoques abollado, intermitente izquierdo y luces de freno completamente destruidas; El conductor "el hombre de hierro o el Andrés Iniesta del motor" ni se inmutó, entró de nuevo en el coche, agarró fuertemente el volante y con toda tranquilidad fue en busca del bus o eso creía yo.


Ese día fue la última vez que vi a El Conductor de un taxi curioso y descuidado, espero volver a cruzarme con él en algún momento de mi vida, y ese día me dirigirá unas palabras contándome sus vivencias y experiencias emocionales que le han ocurrido a lo largo de su carrera profesional.

Victor Delgado Reyes
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