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El accidentado camino a la victoria


Hola bienvenid@s tod@s. Supongo que conocéis la emoción de tener que ir a jugar un partido importante, en este caso, de fútbol. Pues esa emoción la tenía yo desde que me levanté por la mañana, sabía que ese día podía ser especial para mí, ya que por la tarde tenía que ir a jugar un partido de gran trascendencia, se enfrentaban el primer y segundo clasificado de la liga. Debido a que había la posibilidad de arrebatar el liderazgo al otro equipo, estaba decidido a esforzarme al máximo en ese encuentro.

A falta de una hora para el inicio, me estaba esperando un amigo abajo de mi casa, éramos muy jóvenes por aquel entonces y nos desplazábamos en bicicleta a todas partes. Cuando bajábamos una calle que hacía pendiente y llegando a una glorieta, mi compañero que iba adelante vio aparecer un coche que le hizo cambiar de rumbo bruscamente cruzándose en mi camino con la fatal consecuencia, me hizo volcar de manera espantosa acabando estampado con la cara en el asfalto. Una vez en pie, solo sabía que me escocía la cara, tenía sangre en las manos y lo peor es que no había ningún espejo cerca donde poder verme bien las heridas.

No tenía ninguna intención de perderme aquel partido así que, sin lamerme las heridas, nos fuimos directos al campo. Desde el momento en que llegue no paraba de mirarme todo el mundo, así que al final tuve que ir a mirarme si tenía alguna deformidad en mi rostro, pero tras examinar que tenía unos cuantos rasguños sangrantes en la cara todo me hacía pensar que la gente exageraba, entonces me sonreí de cara al espejo y en ese preciso momento lo entendí todo, me había roto un diente, una de mis paletas superiores se había reducido a la mitad. Así que os podéis imaginar, los siguientes minutos de burlas, risas y una infinidad de preguntas sobre mi estado, incluso el entrenador me ponía en duda mi participación en el partido, pero absolutamente nada iba a quitarme mi participación en ese encuentro tan crucial que podría cambiar el orden de la clasificación de liga.

La peor situación la tuve al llegar a casa por la noche y presentarle mi nuevo rostro a mi madre, que se llevó las manos a la cabeza y procedió a soltarme la larga chapa del ten cuidado y pareces un animal.

Ah, por cierto, jugué el partido, por supuesto, además me salió toda una exhibición para poder hacernos con la victoria y así cambiar las tornas en la competición. Además, mi cara ensangrentada más que molestarme, lo que hizo fue asustar al equipo rival.

Johnny A. Gaspar Uterra
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