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Aventura en el Delta del Ebro y sus arenas movedizas


Hola bienvenid@s tod@s. Todo sucedió en unas de las últimas escapadas que hicimos este último verano. Nos encontrábamos en el delta del Ebro, por cierto, es un sitio espectacular con parajes increíbles. Esa mañana decidimos ir a una playa que habíamos visto por internet el día anterior que se puede ir con perros, y eso es genial para nosotros, ya que íbamos a ir con nuestros perretes, Bruno y Carmen.


Ya que no conocía la zona puse el GPS para que me guiará por una buena ruta hacia la playa, pero se ve que no entendió mis indicaciones correctamente, me llevó por una carretera sin asfaltar y por en medio de los arrozales del Delta. Varios minutos después por ese camino donde solo cabe un coche y hay que ir a 20 por hora o menos, llegamos a un final donde a la izquierda bien arrimados al borde se encontraban aparcados tres coches, pero recto se vislumbraba lo que parecía un descampado enorme, que en mi cabeza se podía aparcar perfectamente.


Como buen desconocedor de la zona, pasé los coches con cautela avanzando muy lentamente, de repente en mi cabeza se enciende la bombilla y pienso que si los coches están ahí tan lejos será por algún motivo, así que decido dar media vuelta. Demasiado tarde, estaba atrapado en arena de playa, mi coche ya no tiraba adelante ni marcha atrás por más que acelerara, ya podía jugar con el cambio de marcha o mover el volante que de ahí no me iba a mover de ninguna de las maneras. No pretendía quedarme ahí atrapado toda la mañana, decidí salir fuera y empecé a pensar cómo podía salir de aquellas arenas movedizas, así que hinqué rodillas y me puse a cavar, primero una rueda pensando que esa era el problema, pero iluso de mí que al final tuve que ir una a una cavando y quitando arena de cada una de las cuatro ruedas.


Pasaba el tiempo y empezaba a desesperarme, cuando vi entre los arbustos una alfombrilla vieja y abandonada, se me ocurrió que si la colocaba debajo de una rueda podría dar agarre y así no patinaría con la maldita arena. Efectivamente, aquello dio resultado y con la suerte de que no había avanzado mucho pude volver al camino, finalmente, para aparcar donde lo habían hecho los demás.


Después de disfrutar nuestra mañana de playa, tomando el sol, jugando con los perros y dándonos unos bañitos, regresamos al coche con sorpresa incluida. Había un coche SUPER atrapado en la arena, se había adentrado mucho más que yo y tenía las ruedas muy hundidas en la arena que le imposibilitan cualquier movimiento. La propietaria, una joven, que se lamentaba de haberse metido por ahí y había pedido socorro por teléfono, simplemente estaba de pie mirando y preguntándose cómo había llegado a esa catástrofe. Por suerte llegue a ver cómo apareció una furgoneta bajo los mandos de un hombre experimentado que con una cuerda y tras muchos tirones de gas logró sacar aquel coche de su tumba de arena.


Desde ese día aprendí que si no conoces el lugar es mejor fijarse que hacen los lugareños para no tener problemas.

Johnny A. Gaspar Uterra
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